Joan Crawford, la ‘Madwoman’ de Hollywood

Una estrella, ¿nace o se hace? Joan Crawford, la gran dama del cine, vivió solo para ser una estrella. Decidida a triunfar, ambiciosa y tenaz, poseedora de una gran fuerza de voluntad y una enorme capacidad de trabajo y sacrificio, consiguió convertirse en una institución del séptimo arte. Decidió que quería ser actriz e hizo de ello su único objetivo vital. Para obtener el estatus de estrella, su existencia estuvo siempre meticulosamente orquestada de forma que pudiera satisfacer el gusto del ciudadano medio: se rodeó de una aureola de respetabilidad y fue la única estrella americana en elaborar un mito vendible en el mercado internacional.

Su trayectoria cinematográfica fue ejemplar dentro de Hollywood y la Crawford sin ser la más guapa ni la mejor actriz, fue deseada por el público masculino y admirada por el femenino, que veía en ella la encarnación de la lucha de la mujer por su independencia. Se decía que las mujeres admiraban a la Garbo, con la que siempre sería comparada, pero estaban celosas de la Crawford. La actriz supo jugar bien sus cartas y con la maestría del más hábil de los tahúres logró mantenerse en la cima de Hollywood durante más de cuatro décadas, haciendo gala de una increíble capacidad de adaptación y una gran versatilidad.

Se inició como perfecta flapper de los felices años veinte contoneándose a ritmo del charlestón. Participó en su primera película a los 21 años, El Jazz Band del Follies (Pretty Ladies). La última, Trog , la rodaría en 1970 y completaría una notable marca de ochenta títulos, la mayoría en la Metro. Pero aún haría una incursión en la televisión, a la que dio su última interpretación (1970-1973) a los 61 años, en la serie Night Gallery dirigida nada menos que por el joven debutante Steven Spielberg.

CAMA

No había sido nada fácil completar una carrera así. A finales de los años 30, vilipendiada por los estudios que la califican como ‘veneno para la taquilla’ pese a su brillante papel en Mujeres (1939) bajo la batuta de Cukor, cae en desgracia. Condenada a un obligado descanso de dos años es fichada después por la Warner. Alertada por su fino olfato, acepta interpretar un papel rechazado por su eterna rival, Bette Davis. La película era Mildred Pierce , (Alma en suplicio) su pasaporte a la eternidad, su consagración como actriz. Con ella conseguiría su único Oscar. Que siempre atenta al marketing, se apañaría parar recogerí en la cama, alegando padecer una neumonía. Su carrera se relanzó y Joan se hizo un hueco en la pléyade de Hollywood.

En los años 40 y 50, Crawford reinaría como estrella y sería una actriz respetada destacando en sus interpretaciones como gran actriz dramática en Possessed (1947), que le valdría su segunda nominación y Sudden Fear (1952), que le haría merecedora de la tercera. En 1954 protagoniza Johnny Guitar , legendario western. En el papel de Vienna, realiza una magnifica interpretación como madura dueña de un salón, confirmando su portentosa versatilidad.

A finales de los años 50, la actriz saca a flote su gran capacidad de adaptación y alterna el cine con sus negocios en Nueva York. Tras contraer matrimonio con su quinto marido, Alfred Steele, presidente de Pepsi Cola, empieza a trabajar junto a él y a su muerte, ocupa un puesto en la empresa como ejecutiva publicitaria. La actriz habituada a autopromocionarse se limitó a hacer lo propio con la popular bebida.

En 1962, año en el que visitaría Barcelona, donde sería entrevistada por La Vanguardia , Crawford interpreta, junto a Bette Davis, su eterna y odiada rival, en la industria, Qué fue de Baby Jane. La película confirma de nuevo su talento, pero la ganadora del Oscar es Davis. Crawford, luchadora hasta el fin, se pone de acuerdo con los demás nominados y, con una astuta treta, consigue acudir a recoger el Oscar de una ausente Anne Brancroft.

ENEMIGAS

Joan y Bette Davis en un fotograma de ‘Qué fue de Baby Jane’

Archivo

Polifacética e hiperactiva, Crawford concibió su profesión como una implacable mujer de negocios y una vez alcanzado el estrellato cinematográfico supo reinventarse y triunfar en el universo mad men no en vano gustaba de sentenciar: ‘Cuando no hago nada me siento terriblemente cansada’.

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